El peso de los 600 empleos directos parece contar más que la salud de más de 90.000 personas (población de la comarca del Besaya). Bueno en realidad no lo parece, así es para la administración, local, regional, y nacional. Ésto, es solo una minucia de la situación que vive la comarca del Besaya en general y la ciudad de Torrelavega en particular. Con un aire irrespirable y aguas con índices de contaminación verdaderamente increíbles se define la situación crítica en la que miles de personas respiran partículas orgánicas volátiles, sustancias químicas altamente tóxicas, y partículas en suspensión que indudablemente suponen graves riesgos para la salud.

Los datos son tan alarmantes, que Sniace, una de las empresas más contaminantes de Europa, llegó a tener retirado el permiso de vertidos durante algún tiempo. Tiempo en el que evidentemente estuvo realizando vertidos ilegales, como todos en definitiva, ya que los niveles de concentración analizados en el río Besaya para metales pesados, cloroformo, sulfatos... son en algunos casos 22 veces superiores al limite legal permitido.

Los últimos estudios revelan que la papelera contamina como una ciudad de 500.000 habitantes que no hiciera ningún tipo de tratamiento de sus residuos. Ésta cifra, resulta implacable si pretendemos conocer el alcance de la delicada situación medioambiental.

La realidad cotidiana de miles de personas, acostumbradas a convivir con resignación con ésta y otras muchísimas industrias de la comarca, no se ve sorprendida por estos datos, son pan de cada día. El descreimiento de las administraciones públicas no tiene parangón en este asunto, ni siquiera esta importante cuestión entra en campañas electorales, o cambios de posición, cualquiera que tenga o pretenda tener un poder público sabe que esos 600 empleos directos son “sagraos”.

Debido a esta resignación general a sufrir los efectos de una contaminación letal, las industrias pretenden hacer leña del árbol caído, proyectando y ejecutando nuevas industrias especialmente contaminantes, centrales de ciclo combinado, plantas de etanol y un largo etcétera de atentados medioambientales. Muchos en la región piensan que llegados a este punto, por qué hacer ascos a más industrias contaminantes, nadie se daría cuenta, eso mismo deben pensar los responsables políticos que se lavan las manos, pero con agua contaminada.